Mostrando entradas con la etiqueta cerebro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cerebro. Mostrar todas las entradas

09 enero 2015

Los efectos de tocar un instrumento en el desarrollo cerebral





Psiquiatras del Colegio Médico de la Universidad de Vermont han publicado en el Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry una investigación sobre los efectos de tocar un instrumento en el desarrollo cerebral.


Estos especialistas han analizado las resonancias magnéticas de 232 personas de entre 6 y 18 años para buscar, fundamentalmente, alteraciones significativas en la corteza cerebral. 
Los engrosamientos y adelgazamientos de esa zona están relacionados con problemas como la ansiedad, la depresión, las dificultades para concentrarse, la agresividad y la pérdida de control de los impulsos.

Encontraron que la práctica musical afectaba a las neuronas de la región motora, ya que exige control y coordinación de los movimientos. 
Pero más importante fueron los cambios detectados en la parte de la corteza cerebral vinculada a “la memoria de trabajo, el control de la atención, la organización y planificación, la inhibición de los impulsos y el procesamiento de las emociones”, como detallan los autores del estudio. 

El director de la investigación, James Hudziak ha afirmado que “tocar el violín puede ayudar más que un frasco de pastillas a un niño con trastornos psicológicos"

Si quieres ampliar la información, puedes leer el interesante libro "Cómo potenciar la inteligencia de los niños con la música"





15 diciembre 2014

La incapacidad para emocionarse con la música





Hay personas que no sienten el más mínimo placer ni se emocionan cuando escuchan una melodía.

Investigadores españoles han identificado por primera vez la anhedonia musical o, lo que es lo mismo, la ausencia de placer con este estímulo. 

Muchas de las funciones y mecanismos biológicos del ser humano tienen sentido para su supervivencia. Algunos estímulos de recompensa se vinculan a ciertos actos para mantener, en primer lugar, el cuerpo con vida y, en segundo, para poder trascender al propio individuo. Así, la comida genera placer y éste nos mueve con mayor ahínco a buscar avituallamientos para el día. 

Sin embargo, existen placeres que, aún estando presentes en todas las culturas, no están ligados con el instinto de supervivencia. Es el caso de la música. 

Aunque no tiene ninguna ventaja biológica, la música es una de las experiencias más placenteras del ser humano. Sin embargo, poco se sabe sobre las diferencias entre individuos en cómo experimentan este sistema de recompensa en actividades relacionadas con la música, afirmna Josep Marco-Pallarés, del Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, Barcelona. 




Para averiguar cómo eran esas diferencias, este investigador junto con otros del grupo de Psicología Básica de la Universidad de Barcelona y del Instituto Neurológico de Montreal, Canadá, realizaron un estudio cuyos datos se publicaron en la revista Music Perception.


Tras realizar un cuestionario a 2.000 personas, descubrimos que había distintos aspectos por los que gusta la música. A unas personas les genera placer porque les emocionaba, a otras porque les hace bailar, otras la vinculan con temas sociales... Pero lo que nos llamó la atención fue que algunos participantes decían que les resultaba indiferente, pero sí sentían placer con otras cosas como las caricias o la comida, explica Marco-Pallarés.


Aunque un trastorno podría estar detrás de este hecho, la amusia, es decir, que tuvieran una alteración que les inhabilitara para reconocer tonos o notas musicales, decidieron estudiarlo más profundamente. La amusia se da en el 2%-3% de la población. 
Pero no sabíamos si efectivamente eran amúsicos o tenían depresión u otro problema que interfiriera en la generación de placer, señala.

Así, en un segundo estudio, cuyos datos recoge ahora la revista Current Biology, volvieron a realizar un cuestionario a 1.000 personas. "Buscábamos tres grupos equilibrados en diferentes aspectos, pero uno muy sensible a la música, otro intermedio y el otro indiferente". De esta manera, establecieron tres grupos, de 10 personas cada uno, a los que realizaron diferentes pruebas y registros para ver si tenían respuestas fisiológicas asociadas al placer generado por la música y si se correspondía con el vinculado al dinero. 

"Elegimos el dinero porque es un buen control, pues es una recompensa abstracta, como la música; me permite llegar a estímulos primarios; y activa muy bien las áreas de recompensa", aclara Marco-Pallarés. 

De esta manera, pudieron comprobar que había personas que, sin ningún trastorno de base y aunque eran capaces de sentir placer cuando estaban a punto de ganar dinero -como simulaba uno de los juegos que realizaron- no se emocionaban con ningún tipo de música que escucharon. Y no sólo se trató de una percepción subjetiva, su cuerpo no respondía biológicamente a este estímulo. 

"Medimos su frecuencia cardiaca y los cambios en la conductividad de la piel por sudoración, que es un buen indicador. Aunque algunos participantes refirieron sufrir escalofríos al escuchar alguna pieza musical, en realidad lo dijeron porque, en función de las preguntas, pensaban que eso era lo que se esperaba de ellos, pero luego los registros mostraron que no había emoción", afirma Marco-Pallarés.

Estas personas no son incapaces de sentir placer, porque sí lo experimentaron en las pruebas de dinero. Además, son capaces de reconocer las emociones que una melodía quiere transmitir, lo que no pueden es sentir esas emociones. 



"Que no te guste la música es curioso, pero lo interesante es que con este estudio demostramos que cada tipo de estímulos accede al sistema de recompensa por distintas vías. Hasta ahora, cuando se hablaba de anhedonia se pensaba en algo global. Lo que hemos visto es que esto está disociado". 

Todavía no saben cuántas personas pueden ser inmunes a la música ni cuál es la explicación a este hecho. Nuestra hipótesis es que hay una mala conexión entre las áreas primarias del cerebro que activa la música (el núcleo accumbens) con otras zonas más superficiales, como las que procesan la audición (área supratemporal) y las áreas de integración de la información (zona frontal)", señala. 

Además, este hallazgo podría servir para replantearse las terapias musicales que se usan para la recuperación de personas con ciertas patologías como el ictus, las demencias, etc.

Aquí puedes encontrar más información relacionada con el cerebro y la música 


24 noviembre 2014

El cerebro y la música





¿Qué tipo de música te gusta? No importa cuál sea: seguro que puede ayudarte a sentirte mejor. 


El jefe del Laboratorio de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría de México, Eduardo Calixto explica que los beneficios de la música para la salud están relacionados con la liberación de dopamina, la sustancia responsable de provocar placer.

La música incrementa la actividad neuronal y mejora las funciones cognitivas, siempre y cuando sea agradable para la persona. 

Las canciones con ciclos repetitivos en las notas o en la letra favorecen la comunicación entre las neuronas.
Escuchar música es una de las pocas actividades que requiere de la participación de ambos hemisferios cerebrales.

El hemisferio derecho es el que atiende a los instrumentos y se concentra en las notas pero en el momento en que escuchas cantar a alguien, es el hemisferio izquierdo el que actúa para entender lo que dice la letra.

Esta homogeneización de la actividad cerebral ayuda a ejercitar las funciones cognitivas. 


Por ejemplo, antes de empezar a estudiar se puede escuchar música 45 minutos antes, esto va a “preparar” a las neuronas y se puede aprovechar para tener mejor concentración y más capacidad de retención”

En cuanto al ejercicio físico, es muy útil escuchar música cuando se trata de hacer ejercicio más intenso y durante más tiempo. La combinación de ejercicio y música genera un “jugo neuroquímico” constituido por dopamina, adrenalina y endorfinas que potencia la resistencia física.

La música desvía la atención y no te das cuenta que estás fatigado o que te está doliendo el cuerpo, también altera la activación psicomotora y además el organismo tiende a sincronizar el ritmo de la música con el movimiento.

En el plano emocional, la música incide en el sistema límbico del cerebro que está relacionado con este estado, por lo que es capaz de ponernos contentos o tristes.


La música nos puede provocar emociones, no solamente desde el punto de vista subjetivo. De hecho todo el cuerpo se ve influido, puede modificarse la frecuencia cardiaca y la frecuencia respiratoria de acuerdo al contenido emocional.

Unas notas musicales melancólicas del piano te pueden poner triste porque la música actúa como detonador y amplificador de la emoción, pero si la música es alegre y te gusta, tu estado de ánimo mejorará.


La música también puede beneficiar la relajación y controlar la ansiedad, sobre todo la que no tiene muchas variaciones sino que está basada en ciclos repetitivos con pocos instrumentos. Al escucharla el cerebro disminuye la actividad y pasa de trabajar en una frecuencia de ondas beta a ondas alfa, por ejemplo, lo que favorece la relajación y el descanso.


¿Qué ocurre en el cerebro cuando escuchamos música?


Se libera dopamina. La dopamina estimula el sistema de placer del cerebro (compuesto por el núcleo accumbens, el hipocampo, la corteza prefrontal y la amígdala)
La dopamina mejora el estado de ánimo, combate el estrés y la ansiedad, motiva el movimiento y hace sentir bien a la persona.

Se fomenta la comunicación de las neuronas y con ello se refuerzan procesos cognitivos como la memoria, el aprendizaje, la concentración y la solución de problemas. 

Se activan el hipocampo, el hipotálamo y la corteza cerebral. 


Aquí puedes encontrar más artículos sobre los beneficios de la música. 

Y si quieres ampliar la información, recomendamos el libro "La música y el cerebro"